lunes, 22 de junio de 2009


Viviendas en mal estado abundan en La Habana sin solución constructiva

Calle de La Habana Vieja


EL FINAL DE LAS DESDICHAS DE SONIA.

EL FINAL DE LAS DESDICHAS DE SONIA.

Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana.

Con razón hay quienes dicen que los caminos de Dios son inesperados a veces. Nada lineales como las historias de las películas. Sino bien lleno de baches como muchas de las calles de Luyanó, Marianano, Lawton, etc. que hacen necesario doblar a la derecha o a la izquierda, dar marcha atrás.
Eso le ha sucedido a Sonia, la treintañera y divertida habanera de un suburbio al sur del centro de la capital cubana. Para hacerles memoria, en mi crónica “Las desdichas de Sonia”, narré en síntesis sus padecimientos productos de dos hernias de disco en la columna vertebral. Y para los que piensen que “narrar” viene de “narra”, que significa un chino en el argot cubano, sepan que tenía bien un chino detrás, algo equivalente a toda la mala suerte del mundo.
En aquel momento, llevaba tres meses sin trabajar y no resolvía dónde, ni quien podría operarle las dos hernias discares que afectaban su locomoción, además de producirle un dolor intenso e incesante.
Al cabo de los cinco meses, tirada en una cama, con la única esperanza de alcanzar el sofá forrado de vinilo negro de su salita como trayecto más lejano, decidió zanjar por la izquierda, de manera alternativa su situación.
Justamente, una amiga -amiga de otra que tiene una parienta en uno de los mejores hospitales de La Habana- se condolió al constatar en una visita la desdichada situación que atravesaba. Sin trabajar y al borde de agotar el dinerito ahorrado de las propinas de los clientes en su puesto de cajera de una tienda de productos en divisa, la comadre le prometió hacer la gestión que podría solucionar su problema.
Y como las mujeres hacen gala de una diligencia feroz cuando se lo proponen, obtuvo los contactos con un neurocirujano de dicho hospital a quien mostraron todos los test clínicos que a Sonia le habían practicado y, luego de examinarlos, decidió intervenirla quirúrgicamente él mismo. La cuestión era que le precio de la operación sería sesenta pesos en cuc, es decir, pesos cubanos convertibles.
Sonia al oír aquello, ni se inmutó, sacó de su gaveta el juego de anillos de su último matrimonio y se los mandó a un joyero cercano, quien aceptó la compra por los sesenta pesos cuc.
Fijada la fecha de la operación, acompañada por su madre, fue para el centro hospitalario, la operaron durante poco más de dos horas, casi tres me dijo, y regresó a su casa para cumplir un reposo de unos diez días, consistente en no levantar pesos, ¡ni siquiera un vaso de agua!
A las veinticuatro horas, pudo caminar al baño normalmente. A las cuarenta y ocho horas de quitarle las hernias, pudo visitar a su comadre Cachita al doblar y aunque sigue de reposo, no siente dolor, solamente la molestia de la incisión de tres puntos de sutura.
¡Todo el dolor sufrido en cinco meses desapareció en tres horas gracias a los sesenta pesos cuc que pagó! Unos 1440 pesos no convertibles.
Usted podrá argumentar que el sistema de salud cubano es gratuito. Pero la cantidad de médicos y personal de salud que cumplen misión en el extranjero ya es tan grande que la población se resiente por la dificultad, no sólo de ser operado, sino de conseguir un turno a tiempo para remediar su malestar.
El otro lado del asunto, los obstáculos desaparecen al meter la mano en el bolsillo y ofrecer cierta suma en pesos convertibles. Aparecen camas para el ingreso, si es necesario, especialistas y hasta salón de operaciones. ¡Se verán horrores!
Por tanto, en las discusiones que se realizan en centros de trabajo sobre los problemas nacionales, teniendo como base el discurso del Vicepresidente del país el pasado 26 de julio en Camagüey, ha surgido la proposición de que repusieran el sistema mutualista de clínicas donde mediante el pago mensual, los pacientes podían obtener remedio a sus dolencias de manera más expedita. Al menos, se tendrá la esperanza de encontrar un médico que lo atienda. FIN. LG/07.
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Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana.

Con razón hay quienes dicen que los caminos de Dios son inesperados a veces. Nada lineales como las historias de las películas. Sino bien lleno de baches como muchas de las calles de Luyanó, Marianano, Lawton, etc. que hacen necesario doblar a la derecha o a la izquierda, dar marcha atrás.
Eso le ha sucedido a Sonia, la treintañera y divertida habanera de un suburbio al sur del centro de la capital cubana. Para hacerles memoria, en mi crónica “Las desdichas de Sonia”, narré en síntesis sus padecimientos productos de dos hernias de disco en la columna vertebral. Y para los que piensen que “narrar” viene de “narra”, que significa un chino en el argot cubano, sepan que tenía bien un chino detrás, algo equivalente a toda la mala suerte del mundo.
En aquel momento, llevaba tres meses sin trabajar y no resolvía dónde, ni quien podría operarle las dos hernias discares que afectaban su locomoción, además de producirle un dolor intenso e incesante.
Al cabo de los cinco meses, tirada en una cama, con la única esperanza de alcanzar el sofá forrado de vinilo negro de su salita como trayecto más lejano, decidió zanjar por la izquierda, de manera alternativa su situación.
Justamente, una amiga -amiga de otra que tiene una parienta en uno de los mejores hospitales de La Habana- se condolió al constatar en una visita la desdichada situación que atravesaba. Sin trabajar y al borde de agotar el dinerito ahorrado de las propinas de los clientes en su puesto de cajera de una tienda de productos en divisa, la comadre le prometió hacer la gestión que podría solucionar su problema.
Y como las mujeres hacen gala de una diligencia feroz cuando se lo proponen, obtuvo los contactos con un neurocirujano de dicho hospital a quien mostraron todos los test clínicos que a Sonia le habían practicado y, luego de examinarlos, decidió intervenirla quirúrgicamente él mismo. La cuestión era que le precio de la operación sería sesenta pesos en cuc, es decir, pesos cubanos convertibles.
Sonia al oír aquello, ni se inmutó, sacó de su gaveta el juego de anillos de su último matrimonio y se los mandó a un joyero cercano, quien aceptó la compra por los sesenta pesos cuc.
Fijada la fecha de la operación, acompañada por su madre, fue para el centro hospitalario, la operaron durante poco más de dos horas, casi tres me dijo, y regresó a su casa para cumplir un reposo de unos diez días, consistente en no levantar pesos, ¡ni siquiera un vaso de agua!
A las veinticuatro horas, pudo caminar al baño normalmente. A las cuarenta y ocho horas de quitarle las hernias, pudo visitar a su comadre Cachita al doblar y aunque sigue de reposo, no siente dolor, solamente la molestia de la incisión de tres puntos de sutura.
¡Todo el dolor sufrido en cinco meses desapareció en tres horas gracias a los sesenta pesos cuc que pagó! Unos 1440 pesos no convertibles.
Usted podrá argumentar que el sistema de salud cubano es gratuito. Pero la cantidad de médicos y personal de salud que cumplen misión en el extranjero ya es tan grande que la población se resiente por la dificultad, no sólo de ser operado, sino de conseguir un turno a tiempo para remediar su malestar.
El otro lado del asunto, los obstáculos desaparecen al meter la mano en el bolsillo y ofrecer cierta suma en pesos convertibles. Aparecen camas para el ingreso, si es necesario, especialistas y hasta salón de operaciones. ¡Se verán horrores!
Por tanto, en las discusiones que se realizan en centros de trabajo sobre los problemas nacionales, teniendo como base el discurso del Vicepresidente del país el pasado 26 de julio en Camagüey, ha surgido la proposición de que repusieran el sistema mutualista de clínicas donde mediante el pago mensual, los pacientes podían obtener remedio a sus dolencias de manera más expedita. Al menos, se tendrá la esperanza de encontrar un médico que lo atienda. FIN. LG/07.
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Balcones y barbacoas frente al Prado habanero ofrecen una vista de las condiciones de vida de los cubanos a los turistas que recorren el famoso Paseo

PRENSA INDEPENDIENTE: PELIGROS Y AMENAZAS.

PRENSA INDEPENDIENTE: PELIGROS Y AMENAZAS.

Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana.
.
Hace ya más de una década que la labor de informar la realidad en Cuba tomó un camino diametralmente opuesto al de la prensa oficial. Con el surgimiento de cinco agencias de prensa sin depender de los reglamentos oficiales para los medios de comunicación de la isla, se abrió una flamante etapa en la Historia de la prensa cubana. Hoy, ya eso es Historia. Sin embargo, también hoy, hay quienes pretenden cambiar esa historia para su conveniencia y provecho.
La incorporación de nuevas hornadas de mujeres y hombres a la labor de la comunicación después de marzo del 2003 sorprendió a muchos, pero tampoco significó que fueran reemplazados aquellos colegas que fueron a parar a las prisiones.
Ellos no han estado ausentes gracias a la presencia de sus esposas agrupadas en las dignas Damas de Blanco y por el constante llamado de recordación del resto de los periodistas independientes que continuamos sus labores. Realmente, la ausencia de los trabajos periodísticos de los veintitantos informadores independientes prisioneros del régimen se hace sentir en la calidad de una prensa marcada por el riesgo y el azar, más que por una profesionalidad obtenida en el estudio sistemático.
No obstante, esto no quiere decir que la prensa independiente haya perdido su razón de ser, su identidad o sus mejores servidores. Muy a pesar nuestro, algunas voces han pretendido dar por inerte el fenómeno de la prensa independiente cubana, más la misma labor de llevar la información sobre la realidad cubana ocultada por la media oficial a todo el mundo, desmiente tales repuntes protagónicos de unos y cálculos ambiciosos de otros.
Empero la preocupación de informar por un lado y la atención a las amenazas y la represión de los órganos del régimen no pueden cegarnos la visión por completo y cometer la negligencia de tener en cuenta que los peligros que nos acechan no provienen solamente del aparato del gobierno cubano.
Si queremos fundar las bases de la prensa cubana de un futuro de transición democrática nos vemos entonces obligados a demostrar que somos verdaderamente independientes y nuestro juicio y nuestra labor informativa estarán empujados a cumplir con la obligación que el servicio público impone.
No a servir a un grupo, a un partido, a una persona que por muy justamente se haya ganado un lugar destacado entre las filas de la oposición y que pretenda ocupar un espacio que los periodistas independientes han logrado mediante el correcto ejercicio de la comunicación.
Otro peligro deriva de lo anterior porque por su causa, los periodistas serían dependientes de los objetivos de los intereses particulares y generales de criterios ajustados a una organización y la estrechez de puntos de vista ahogaría la pluralidad que debe mantener la labor informadora. Un lastre del periodismo oficial impregnado de partidismo y militancia.
Fatal ha resultado para la prensa independiente que algunos espacios de influencia sean ocupados por uno o dos nombres exclusivamente, los que no reflejan evidentemente el abanico de criterios que podría ofrecer escuchar la riqueza de opiniones de muchos periodistas independientes que acumulan hoy mismo cierta experiencia.
Lamentable que se pretenda desviar e incluso eliminar los cauces que hasta ahora han vertido una ayuda material al sostén de la labor informativa de la prensa independiente, cuando la labor de la información brindada por los periodistas está ahí a la vista de todos, y no en informes o proyectos increíblemente alejados sin duda de la realidad.
De bajar por la cuesta que los conocidos sepultureros de siempre pretenden empujar a la prensa independiente en su conjunto, evidentemente sí estaremos contribuyendo a disminuir el trabajo concreto del sector que más resultados a ofrecido en los últimos diez años junto al de las bibliotecas independientes.
Para refrendar lo expuesto, propongo que cualquier dudoso examine por quienes y por cuales vías la existencia de una oposición en Cuba ha sido divulgada sistemáticamente más allá de nuestras costas. Y no es precisamente por la prensa extranjera.
Hay una realidad que no se puede negar, la gran desinformación que existe en Cuba solamente se puede llenar mediante la retroalimentación proveniente de canales de comunicación conectados con las necesidades de información del cubano de a pie y son los periodistas independientes los que estamos en contacto con la calle. Recogemos directamente lo que dicen las personas, sus preocupaciones, sus deseos.
Ahora bien, aquí está en buena parte nuestro desafío, es el de mejorar incansablemente nuestros mensajes, escoger lo que sirve. Saber cómo comunicar mejor el mensaje, a quien va destinado, ofrecerle los temas que interesen a ese público que espera por nosotros. FIN. LG/07.
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Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana.
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Hace ya más de una década que la labor de informar la realidad en Cuba tomó un camino diametralmente opuesto al de la prensa oficial. Con el surgimiento de cinco agencias de prensa sin depender de los reglamentos oficiales para los medios de comunicación de la isla, se abrió una flamante etapa en la Historia de la prensa cubana. Hoy, ya eso es Historia. Sin embargo, también hoy, hay quienes pretenden cambiar esa historia para su conveniencia y provecho.
La incorporación de nuevas hornadas de mujeres y hombres a la labor de la comunicación después de marzo del 2003 sorprendió a muchos, pero tampoco significó que fueran reemplazados aquellos colegas que fueron a parar a las prisiones.
Ellos no han estado ausentes gracias a la presencia de sus esposas agrupadas en las dignas Damas de Blanco y por el constante llamado de recordación del resto de los periodistas independientes que continuamos sus labores. Realmente, la ausencia de los trabajos periodísticos de los veintitantos informadores independientes prisioneros del régimen se hace sentir en la calidad de una prensa marcada por el riesgo y el azar, más que por una profesionalidad obtenida en el estudio sistemático.
No obstante, esto no quiere decir que la prensa independiente haya perdido su razón de ser, su identidad o sus mejores servidores. Muy a pesar nuestro, algunas voces han pretendido dar por inerte el fenómeno de la prensa independiente cubana, más la misma labor de llevar la información sobre la realidad cubana ocultada por la media oficial a todo el mundo, desmiente tales repuntes protagónicos de unos y cálculos ambiciosos de otros.
Empero la preocupación de informar por un lado y la atención a las amenazas y la represión de los órganos del régimen no pueden cegarnos la visión por completo y cometer la negligencia de tener en cuenta que los peligros que nos acechan no provienen solamente del aparato del gobierno cubano.
Si queremos fundar las bases de la prensa cubana de un futuro de transición democrática nos vemos entonces obligados a demostrar que somos verdaderamente independientes y nuestro juicio y nuestra labor informativa estarán empujados a cumplir con la obligación que el servicio público impone.
No a servir a un grupo, a un partido, a una persona que por muy justamente se haya ganado un lugar destacado entre las filas de la oposición y que pretenda ocupar un espacio que los periodistas independientes han logrado mediante el correcto ejercicio de la comunicación.
Otro peligro deriva de lo anterior porque por su causa, los periodistas serían dependientes de los objetivos de los intereses particulares y generales de criterios ajustados a una organización y la estrechez de puntos de vista ahogaría la pluralidad que debe mantener la labor informadora. Un lastre del periodismo oficial impregnado de partidismo y militancia.
Fatal ha resultado para la prensa independiente que algunos espacios de influencia sean ocupados por uno o dos nombres exclusivamente, los que no reflejan evidentemente el abanico de criterios que podría ofrecer escuchar la riqueza de opiniones de muchos periodistas independientes que acumulan hoy mismo cierta experiencia.
Lamentable que se pretenda desviar e incluso eliminar los cauces que hasta ahora han vertido una ayuda material al sostén de la labor informativa de la prensa independiente, cuando la labor de la información brindada por los periodistas está ahí a la vista de todos, y no en informes o proyectos increíblemente alejados sin duda de la realidad.
De bajar por la cuesta que los conocidos sepultureros de siempre pretenden empujar a la prensa independiente en su conjunto, evidentemente sí estaremos contribuyendo a disminuir el trabajo concreto del sector que más resultados a ofrecido en los últimos diez años junto al de las bibliotecas independientes.
Para refrendar lo expuesto, propongo que cualquier dudoso examine por quienes y por cuales vías la existencia de una oposición en Cuba ha sido divulgada sistemáticamente más allá de nuestras costas. Y no es precisamente por la prensa extranjera.
Hay una realidad que no se puede negar, la gran desinformación que existe en Cuba solamente se puede llenar mediante la retroalimentación proveniente de canales de comunicación conectados con las necesidades de información del cubano de a pie y son los periodistas independientes los que estamos en contacto con la calle. Recogemos directamente lo que dicen las personas, sus preocupaciones, sus deseos.
Ahora bien, aquí está en buena parte nuestro desafío, es el de mejorar incansablemente nuestros mensajes, escoger lo que sirve. Saber cómo comunicar mejor el mensaje, a quien va destinado, ofrecerle los temas que interesen a ese público que espera por nosotros. FIN. LG/07.
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LA VIVIENDA DE NATACHA

LA VIVIENDA DE NATACHA
Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana.

Natacha es una prima paterna de Julio. Este primo mío la visita en su casa del Vedado de vez en cuando, últimamente la visita poco en realidad. Y en cada ocasión, recuerdan sus salidas nocturnas en una Habana que disponía variados centros de recreación para disfrute de sus residentes y visitantes provincianos.
Sin embargo, me cuenta Julio que su prima Natacha lo recibe en el portal desde hace unos años. La razón no es otra que ahorrarle la mala impresión del interior de la vivienda y de los desvencijados muebles que puede llevarse la visita familiar.
La casa de la prima Natacha que también fue de sus padres ha perdido ya la mitad del techo y la sexagenaria no tiene medios suficientes para reparar el desastre de una casa con unos muros que cargan cerca de cien años.
Esta realidad es la que viven ahora mismo tantos cubanos. Viven en viviendas en muy mal estado, prácticamente inhabitables. Recientemente, una funcionaria de la municipalidad de La Habana Vieja reveló en una entrevista de un canal nacional de la televisión que en esa zona de la capital cubana existían unas veinte mil familias que habitan en viviendas situadas en ciudadelas cuyo estado constructivo es pésimo. Siempre hay quien se arriesga y se construye una habitación con desechos de maderas en el patio de la casa de los padres, si hay espacio, pero con mínimas condiciones de hábitat.
A pesar de las construcciones anuales de varios miles de viviendas por parte del gobierno, las cifras no alcanzan nunca para satisfacer las necesidades de la población. Necesidades que pueden clasificarse en dos categorías: las que están obligadas a abandonar una vivienda sin posibilidad de reparación y las que necesitan ampliarse por convivir en una sola vivienda varias generaciones de una misma familia.
Un francés de paso por La Habana me contó que en su país, debido a los altos precios del metro cuadrado de las casas y apartamentos, los jóvenes prefieren vivir con sus padres hasta más allá de los treinta años. ¡Y me lo dijo como si fuera algo muy raro!
La forma de vida familiar en Cuba ha vuelto a ser casi a partir del clan. Y la opción más socorrida actualmente es la de la emigración para tener su casa.
Así sucedió con Marlén de reciente visita con sus hijos en La Habana. Residente en Nueva Jersey, desde hace unos años, solo gracias a la lotería de visas estadounidense, pudo tener un apartamento para ella y sus hijos. Y aunque extraña a su madre, hermanas y sobrinas, no lamenta para nada haber salido del cuarto con barbacoa en que vivió muchos años en el reducido apartamento donde viven todavía su madre, dos hermanas y cuatro sobrinos adolescentes.
¿Qué posibilidades reales tiene los jóvenes de tener una vivienda si desean contraer matrimonio? Muy pocas, para no tocar el extremo de decir ninguna. Esto conspira hoy día con la baja tasa de natalidad en el país, además de otros factores. Es muy extraño encontrar ya familias con una prole numerosa. Y en los próximos diez años, los cubanos mayores de cincuenta años serán una buena parte de la población. El envejecimiento de la población traerá entonces nuevas necesidades. Fin. LG/07.
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Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana.

Natacha es una prima paterna de Julio. Este primo mío la visita en su casa del Vedado de vez en cuando, últimamente la visita poco en realidad. Y en cada ocasión, recuerdan sus salidas nocturnas en una Habana que disponía variados centros de recreación para disfrute de sus residentes y visitantes provincianos.
Sin embargo, me cuenta Julio que su prima Natacha lo recibe en el portal desde hace unos años. La razón no es otra que ahorrarle la mala impresión del interior de la vivienda y de los desvencijados muebles que puede llevarse la visita familiar.
La casa de la prima Natacha que también fue de sus padres ha perdido ya la mitad del techo y la sexagenaria no tiene medios suficientes para reparar el desastre de una casa con unos muros que cargan cerca de cien años.
Esta realidad es la que viven ahora mismo tantos cubanos. Viven en viviendas en muy mal estado, prácticamente inhabitables. Recientemente, una funcionaria de la municipalidad de La Habana Vieja reveló en una entrevista de un canal nacional de la televisión que en esa zona de la capital cubana existían unas veinte mil familias que habitan en viviendas situadas en ciudadelas cuyo estado constructivo es pésimo. Siempre hay quien se arriesga y se construye una habitación con desechos de maderas en el patio de la casa de los padres, si hay espacio, pero con mínimas condiciones de hábitat.
A pesar de las construcciones anuales de varios miles de viviendas por parte del gobierno, las cifras no alcanzan nunca para satisfacer las necesidades de la población. Necesidades que pueden clasificarse en dos categorías: las que están obligadas a abandonar una vivienda sin posibilidad de reparación y las que necesitan ampliarse por convivir en una sola vivienda varias generaciones de una misma familia.
Un francés de paso por La Habana me contó que en su país, debido a los altos precios del metro cuadrado de las casas y apartamentos, los jóvenes prefieren vivir con sus padres hasta más allá de los treinta años. ¡Y me lo dijo como si fuera algo muy raro!
La forma de vida familiar en Cuba ha vuelto a ser casi a partir del clan. Y la opción más socorrida actualmente es la de la emigración para tener su casa.
Así sucedió con Marlén de reciente visita con sus hijos en La Habana. Residente en Nueva Jersey, desde hace unos años, solo gracias a la lotería de visas estadounidense, pudo tener un apartamento para ella y sus hijos. Y aunque extraña a su madre, hermanas y sobrinas, no lamenta para nada haber salido del cuarto con barbacoa en que vivió muchos años en el reducido apartamento donde viven todavía su madre, dos hermanas y cuatro sobrinos adolescentes.
¿Qué posibilidades reales tiene los jóvenes de tener una vivienda si desean contraer matrimonio? Muy pocas, para no tocar el extremo de decir ninguna. Esto conspira hoy día con la baja tasa de natalidad en el país, además de otros factores. Es muy extraño encontrar ya familias con una prole numerosa. Y en los próximos diez años, los cubanos mayores de cincuenta años serán una buena parte de la población. El envejecimiento de la población traerá entonces nuevas necesidades. Fin. LG/07.
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LA AFICIÓN PREFERIDA DEL HABANERO

LA AFICIÓN PREFERIDA DEL HABANERO
Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana, 2009-06-14.
El francés Gabriel Veyre, cuando desembarcó por el puerto capitalino a finales del siglo 19, no imaginó que el invento del cinematógrafo que mostraría a los cubanos sería uno de sus pasatiempos definitivos al cabo de medio siglo.
Aún recuerdo cuando mis padres me llevaron por primera al cine de Radiocentro, actualmente rebautizado por Yara, no se por cual razón, si no es política. Allí, si la memoria no me falla, exhibían una película intitulada Aventura en los mares del Sur. Tengo muy claro en la memoria, la presencia de las tres cabinas de proyección de la sala y la enorme pantalla que permitía el efecto en los asistentes de navegar en aquel barco y el sube y baja del mismo por las fuertes olas del Pacífico Sur. Tampoco, olvidé el mareo que me produjo.
Asimismo nunca borraré de la memoria las tandas vespertinas en el Dúplex - Rex Cinema, una de las salas más elegantes de la capital cubana en sus mejores momentos. Después de merendar a expensas de una mis tías en la cafetería de Flogar a tres cuadras de distancia, íbamos a ver documentales y cartones animados. De allí, me impresionaba la atmósfera de intimidad y semioscuridad del lobby con su enorme pecera y la elegancia del público.
La Habana llegó a tener 134 cines. La cifra de asientos (lunetas) en conjunto en toda la ciudad era capaz de acoger a más de medio millón de cinéfilos. La sala más grande de la capital era la del Blanquita (hoy Karl Marx) en Miramar con 6 730 lunetas. Si contar con tres autocines instalados en Tarará, Mediodía (Novia del Mediodía) y Vento con espacio de parqueo para un total de 1 866 autos. La penumbra del interior de su auto sustituía a la de la sala de cine. Además, había venta de bebidas y golosinas en la mayoría de las salas y en los tres autocines.
Tan fuerte fue la afición del habanero en los años 40 y 50 al cine que un escritor como G. Cabrera Infante dejó testimonio con su obra novelística de la huella de las salas de cine de los habaneros. Evidentemente, la capital cubana llegó a tener más salas de cines de 35 mm que París y Nueva York en esa misma época.
En 1959, para ir al cine, se buscaba en los periódicos la página de espectáculos y había una lista larguísima de salas de cine a escoger y para todos los gustos. Para el habanero de hoy, el número de cines con que su ciudad contaba debe parecer cosa de sueños.

En el presente, muchos de aquellos cines de antaño han sucumbido ante los embates del tiempo, la falta de reparaciones constructivas, los cierres y el abandono. Los que aún quedan abiertos carecen de las comodidades mínimas de los modernos cines de las grandes ciudades que un día, hace medio siglo, La Habana aventajó en número de salas.
Aunque en el presente, haya muestras de cine extranjero y un Festival de cine todos los años a principio de diciembre, la afluencia de los capitalinos a los cines no alcanza cifras relevantes como años atrás.
Hoy, el residente habanero lo piensa tres veces antes de salir de su casa los fines de semana. Atraído por la comodidad de ver una película DVD sin salir de casa o impedido por las dificultades del transporte en una ciudad tan extensa y además por el hecho de que los cines, aún en mejor funcionamiento, están concentrados en el centro de la ciudad. FIN. LG/09.
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Por Lucas Garve. Fundación por la Libertad de Expresión. La Habana, 2009-06-14.
El francés Gabriel Veyre, cuando desembarcó por el puerto capitalino a finales del siglo 19, no imaginó que el invento del cinematógrafo que mostraría a los cubanos sería uno de sus pasatiempos definitivos al cabo de medio siglo.
Aún recuerdo cuando mis padres me llevaron por primera al cine de Radiocentro, actualmente rebautizado por Yara, no se por cual razón, si no es política. Allí, si la memoria no me falla, exhibían una película intitulada Aventura en los mares del Sur. Tengo muy claro en la memoria, la presencia de las tres cabinas de proyección de la sala y la enorme pantalla que permitía el efecto en los asistentes de navegar en aquel barco y el sube y baja del mismo por las fuertes olas del Pacífico Sur. Tampoco, olvidé el mareo que me produjo.
Asimismo nunca borraré de la memoria las tandas vespertinas en el Dúplex - Rex Cinema, una de las salas más elegantes de la capital cubana en sus mejores momentos. Después de merendar a expensas de una mis tías en la cafetería de Flogar a tres cuadras de distancia, íbamos a ver documentales y cartones animados. De allí, me impresionaba la atmósfera de intimidad y semioscuridad del lobby con su enorme pecera y la elegancia del público.
La Habana llegó a tener 134 cines. La cifra de asientos (lunetas) en conjunto en toda la ciudad era capaz de acoger a más de medio millón de cinéfilos. La sala más grande de la capital era la del Blanquita (hoy Karl Marx) en Miramar con 6 730 lunetas. Si contar con tres autocines instalados en Tarará, Mediodía (Novia del Mediodía) y Vento con espacio de parqueo para un total de 1 866 autos. La penumbra del interior de su auto sustituía a la de la sala de cine. Además, había venta de bebidas y golosinas en la mayoría de las salas y en los tres autocines.
Tan fuerte fue la afición del habanero en los años 40 y 50 al cine que un escritor como G. Cabrera Infante dejó testimonio con su obra novelística de la huella de las salas de cine de los habaneros. Evidentemente, la capital cubana llegó a tener más salas de cines de 35 mm que París y Nueva York en esa misma época.
En 1959, para ir al cine, se buscaba en los periódicos la página de espectáculos y había una lista larguísima de salas de cine a escoger y para todos los gustos. Para el habanero de hoy, el número de cines con que su ciudad contaba debe parecer cosa de sueños.

En el presente, muchos de aquellos cines de antaño han sucumbido ante los embates del tiempo, la falta de reparaciones constructivas, los cierres y el abandono. Los que aún quedan abiertos carecen de las comodidades mínimas de los modernos cines de las grandes ciudades que un día, hace medio siglo, La Habana aventajó en número de salas.
Aunque en el presente, haya muestras de cine extranjero y un Festival de cine todos los años a principio de diciembre, la afluencia de los capitalinos a los cines no alcanza cifras relevantes como años atrás.
Hoy, el residente habanero lo piensa tres veces antes de salir de su casa los fines de semana. Atraído por la comodidad de ver una película DVD sin salir de casa o impedido por las dificultades del transporte en una ciudad tan extensa y además por el hecho de que los cines, aún en mejor funcionamiento, están concentrados en el centro de la ciudad. FIN. LG/09.
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